Dicen que cuando uno mira, observa y calla es cuando más
asimila los mensajes del entorno, que pueden estar tan nítidos como una
respuesta o tan cifrados como una pista, que sólo se nos es revelado cuando
aprendemos a observar.
Y después, que hacemos con esa información, nos sirve? , nos enseña algo?, nos hace replantear cuestiones que hasta hace un
instante creíamos resueltas? Es uno de los ejercicios más productivos en la
vida, descifrar el ambiente e ir replicando ejemplos exitosos y desechando los
fallidos. Lo que sería empirismo puro.
Hace unas semanas estuve en una feria callejera de arte,
debo aclarar que es una de las actividades que más feliz me hace puesto que
podés ver a los genios pintando, armando, creando, sentados en una manta en el
piso, tan lejos de todo y tan cerca de uno mismo.
Empecé el recorrido con un día hermoso, 22 º y el sol
acompañando sin desahuciar, tenía 200 mtrs para deleitarme e invité a mi cuerpo
que absorba cada detalle; las esculturas de parejas regordetas que se
amaban sin tapujos, las tacitas de té con paisajes
pintados a mano, luego los dos jóvenes hippies mirando absortos un lienzo, como pidiéndole
que les escupa una idea, mate de por medio , mas al fondo una señora cuarentona y de
facciones bien italianas sentada en una butaca, con sonrisa enfática me
invitaba a mirar sus bellos cuadritos de bailarinas de tangos, mujeres hermosas con medias de red y guillerminas
charoladas, todas en poses bien arrabaleras y atrevidas. Así como lo manda el tango.
Todo era un deleite, pululaban entre extranjeros, guías o
simples vendedores de baratijas, tanta gente y toda como ensimismada queriendo
grabar cada centímetro de expresión.
En el último tramo del recorrido me llamó la atención un
hombre de unos cuarenta y pico de años, evidentemente con un discapacidad física
en ambos brazos que les quedaron rígidos a los costados, como el firme de los
militares, pero eternamente. Lo sorprendente era como sostenía con la boca un
pincel y para mi total asombro y fascinación, con una rápidez increíble iba
haciendo trazos en su lienzo, las piernas se me rebelaron y quedé abroquelada
frente suyo, sólo atiné a mirarlo hasta con desconcierto, mientras él, entre
miradas risueñas sin descuidar su paisaje, me estaba dando una gran lección de
vida. Ese desconocido estaba mostrándome lo que era en verdad una adversidad superada en la vida, y la
implacable fuerza de voluntad sazonada con talento y perseverancia.
Su pulpito de trabajo y de lecciones de vida para el
transeúnte que estuviese dispuesto a observarlo, era un taburete manchado,
seguro donado por algún amigo del barrio, un bastidor y un caballete adaptado
para sus números de “magia callejera”, unos cuantos acrílicos de colores muy
vivos símbolos de su metamorfosis, con estos exiguos
chirimbolos más un raído cuadrito con una leyenda de antología que resumía toda
su esencia: “Todo es posible y Más” este desconocido me entregó la posibilidad
de seguir preguntándome sobre mis quejas y flaquezas cuando de verdad tengo
tanta herramientas en la vida.
Lo comparto para que uds también mediten sobre cuán rápido nos queremos rendir, o que tantas cosas “necesitamos” realmente para empezar e disfrutar. Les dejo estas fotos que son más que elocuentes.